Primero fueron los iPod y luego los iPhone y los iPad. Los dispositivos personales Apple siempre han sido un objeto cotidiano para nuestros alumnos adolescentes, que los utilizan para escuchar música, pasar el tiempo y relacionarse a través de los distintos medios que internet pone a su alcance.

Por esa razón, desde hace muchos años, incluso antes de que la idea de Flipped Classroom se pusiese de moda, como ahora, muchos docentes e instituciones han explorado la posibilidad de crear materiales didácticos en un soporte apoyo para consumir en este tipo de dispositivos. Así, por ejemplo, varias universidades crearon servicios de grabación y publicación automática de clases, que quedaban disponibles para descargar por los alumnos poco después de ser impartidas. De este modo, los estudiantes podrían llevar, literalmente, sus clases en el bolsillo.

En diversas escuelas también se hicieron experimentos con estos medios que merece la pena volver a retomar, especialmente porque algunos de ellos daban una interesante vuelta de tuerca al concepto: hagamos que sean los alumnos quienes preparen estos materiales.

Y de eso trata nuestra propuesta de hoy.

La clase en el bolsillo

La idea básica de “la clase en el bolsillo” consiste en que los estudiantes, por equipos, creen sus propios materiales de estudio a partir de sus conocimientos previos, documentación de referencia, explicaciones del docente, etc. Estos materiales se ponen a disposición de toda la clase.

Estos recursos deben crearse en un formato multimedia, apto para su utilización en un iPhone o un iPad. Un formato que a día de hoy puede funcionar es el de “videoblog”, pequeños programas de vídeo que pueden subirse a un servicio com Vimeo. Para desarrollarlos podemos recurrir a diferentes herramientas como la nueva aplicación de grabación y edición de vídeo de Apple “Clips“, la versátil y potente “iMovie” o Shadow Puppet Edu, Educreations, y otras similares.

Existen una gran cantidad de canales de contenido educativo, tanto en Youtube como otros servicios, que pueden tomarse como modelos para este proyecto, por lo que no está de más echar un vistazo a diferentes canales que nos puedan dar ideas al respecto.

El punto clave de este proyecto es que los alumnos no se limiten a crear un producto que incorpore ciertos contenidos en forma de “corta-pega”, sino que hagan una reflexión sobre los mismos y sobre su aprendizaje: qué necesito saber previamente para comprender esto, qué ejemplos pueden ayudarme a entenderlo, cómo puedo practicar esta habilidad, etc.

Como beneficio de este proyecto, los estudiantes aprenderán a manejar de forma autónoma los contenidos de aprendizaje.

Por esa razón, es importante planificar el proyecto cuidadosamente para delimitar y guiar la tarea de los diferentes equipos a través de un itinerario claro que los lleve a desarrollar un producto final con calidad suficiente.

Útil y válido.

Para este tipo de productos de aprendizaje, nos parece que una buena estructura puede ser la siguiente:

  • Presentación: en la que se anuncia el tema que se va a tratar y se contextualiza en referencia al tema general en el que se engloba.
  • Conocimientos previos: en esta parte, los alumnos tienen que indicar qué otros temas deben dominarse o consultarse para comprender adecuadamente el que se trata en ese programa.
  • Desarrollo: esta es la parte que lleva el contenido específico del tema tratado.
  • Preguntas de repaso: en esta sección, los estudiantes han de proponer entre 3 y 5 preguntas clave que ayuden a fijar los elementos más importantes del tema estudiado.
  • Resumen: se trataría de sintetizar el contenido en no más de tres frases que subrayen los aspectos clave del tema y que pueden haber sido tocados en las preguntas de la sección anterior.
  • Despedida: una breve despedida señaliza el final del material y puede animar a seguir consultando otras entregas en la misma serie.

Guión de trabajo

El proceso de trabajo también debería ser guiado y estructurado, al menos en las primeras ediciones. Con el tiempo, es posible que los estudiantes desarrollen suficiente autonomía como para llevar a cabo todo el proceso por sí mismos, al fin y a la postre es nuestro objetivo. Por eso, es bueno que también estructuremos el proceso de creación:

Al presentar el proyecto ofreceremos modelos que faciliten a nuestros estudiantes hacerse una idea del tipo de producto que queremos que elaboren. Es preferible que copien estructuras, estilos, etc. a que tengan que inventar una rueda para la que no están preparados.

Una vez explicado el proyecto y repartidos los temas de trabajo, es importante organizar su desarrollo en varias fases principales:

Fase de documentación y diseño: durante la que buscarán y recopilarán fuentes de información en diversos formatos sobre el tema que están investigando. En esta fase, pueden preparar un mapa conceptual que organice los conocimientos sobre los que trabajan y que van a tener que explicar. Para completar esta fase deberían conseguir al menos uno ó dos ejemplos de vídeos similares, una ó dos páginas web de las que extraer información, etc. Estos enlaces los deben documentar correctamente.

Fase de escritura del guión: el siguiente gran paso sería disponer esta información en forma de un guión que describa los elementos del material que van a elaborar, organizado conforme a la estructura que indicamos en la sección anterior de este artículo. Este guión debe ser lo más completo posible y debe ser aprobado por el docente para poder pasar a la siguiente fase.

Fase de elaboración del producto: una vez que hemos validado el contenido, los estudiantes pueden pasar a elaborar el producto final. Si el guión y la estructura son correctos, esta elaboración debería ser sencilla.

El último paso, sería poner a disposición de todos los estudiantes los materiales creados publicándolos en el servicio de vídeo que hayamos escogido.

Organización

En las primeras fases de este proyecto es buena idea comenzar asignando aspectos muy específicos de los temas a los alumnos. Por ejemplo, no pediríamos a un grupo que preparase un material sobre “Métrica en la poesía”, sino que asignaríamos temas como “Contar sílabas”, “El cuarteto”, “El soneto”, etc. En conjunto, toda la clase (o varias) prepararían los materiales para todo el tema o unidad didáctica, pero cada grupo trabajaría un aspecto muy específico, lo que dota al proyecto de un carácter colaborativo.

Esto también nos permite, como docentes, llevar la dirección del proyecto de una forma más completa, garantizando que proporcionamos a los estudiantes un marco general en el que encajan las partes que ellos trabajan. Esta idea de un organizador global facilita el aprendizaje significativo.

Además, el hecho de que tenga que manejar bloques pequeños de información hace que aumenten las posibilidades de éxito y que el tamaño del proyecto sea lo bastante pequeño y que se pueda realizar en un tiempo razonablemente corto.

Estructura del producto final

Para que este proyecto tenga garantías de éxito es importante que facilitemos ciertos andamiajes a los estudiantes. Por ejemplo, es fundamental darles una estructura para el guión del producto final que ayude a asegurar que éste va a contener los elementos necesarios para que el material generado sea