Hace algunos años se popularizó la idea de la Mochila Digital, entendida como un paquete de aplicaciones, documentos y otros recursos, almacenadas en una memoria USB en un formato portable que permitiese su uso en diversos ordenadores sin necesidad de instalarlas. El objetivo era que los estudiantes pudiesen trabajar sin tener que disponer de un ordenador personal asignado en el colegio, es decir, en un entorno de dispositivos compartidos o disponibles a tiempo parcial.

 

Pero los tiempos han cambiado y las herramientas disponibles también. Gracias a dispositivos móviles como el iPad y los programas de un dispositivo por alumno (1:1), junto con la posibilidad de utilizar diversos servicios en la nube para trabajar (iCloud) o simplemente almacenar información, el concepto adquiere un sentido nuevo. Los iPad permiten llevarnos ese entorno de trabajo a cualquier lugar con tal de disponer de una conexión a internet y ese cambio se traduce en la apertura de una infinidad de posibilidades de aprendizaje.

Sin embargo, hay una elemento de la mochila digital que nos interesa. Cuando los estudiantes se incorporan por primera vez a un programa de integración tecnológica con un dispositivo por alumno: ¿qué dotación de programas y recursos resulta un buen punto de partida para comenzar a trabajar? ¿Cómo podemos hacer evolucionar esa dotación básica para que los estudiantes construyan su entorno personal de aprendizaje?

La mochila digital como dotación inicial

Del mismo modo que ha sido, y es, habitual en los colegios preparar listas de materiales que necesitarán los alumnos, la configuración inicial de los iPad debería ser un tema contemplado específicamente en el diseño de los programas. Sin embargo, corremos el riesgo de centrarnos excesivamente en las aplicaciones concretas y no tanto en las necesidades de los alumnos.

La clave está en identificar justamente esas necesidades básicas, para decidir luego qué herramientas las pueden satisfacer. Para tomar esa decisión, lo mejor sería crear o adaptar una rúbrica de evaluación de aplicaciones que contemple los criterios comunes que hayamos acordado. De estas rúbricas hablaremos en futuros artículos, pero puedes echar un vistazo en el enlace anterior, para empezar a hacerte una idea.

He aquí una lista básica, no necesariamente completa, de necesidades que podrían tener nuestros estudiantes. En todo caso, es tarea del equipo docente determinarlas.

  • Coleccionar información variada en diversos formatos: texto, dibujos, fotos, vídeos, enlaces de Internet…
  • Navegador.
  • Redactar textos como informes de investigación, ensayos, relatos, poesías…
  • Dibujar, tanto si se trata de dibujos artísticos, como si hablamos esquemas, bocetos, diseños…
  • Realizar esquemas, mapas conceptuales y otras representaciones de información…
  • Realizar montajes multimedia y presentaciones.
  • Leer y anotar libros.
  • Grabar vídeo y audio.
  • Organizar las tareas y actividades, llevar la cuenta de plazos de entrega de tareas, estudios, etc.
  • Calculadora.
  • Correo electrónico y otras medios de interacción y contacto.

Con esto, podríamos establecer una matriz de trabajo inicial en la que las columnas serían los niveles educativos que estemos considerando (ya sean niveles propiamente dichos, ciclos o etapas, o la agrupación que hayamos decidido) y las filas serían esas categorías que hemos definido.

Evaluación de aplicaciones

El siguiente paso sería identificar aplicaciones y herramientas que encajen en estas categorías y que, además se adecuen al nivel educativo en el que estamos trabajando, algo que podemos hacer a partir de la experiencia directa o de la investigación en páginas web de Educación y Tecnología, en la tienda de Aplicaciones, etc.

Sería ideal disponer de varias opciones en cada cuadrícula para valorarlas mediante la rúbrica que hayamos preparado. En ella podríamos incluir criterios pedagógicos, técnicos y organizativos, como podrían ser los siguientes:

  • Precio (alto, bajo, gratuita con anuncios, completamente gratuita).
  • Facilidad de configuración y utilización.
  • Integración con los servicios en la nube utilizados por el centro (como sincronización por iCloud, Dropbox, etc).
  • Fiabilidad.
  • Compatibilidad con los dispositivos del centro.
  • Amistosa con los niños.
  • Criterios de adecuación curricular.

Mediante el uso de esta rúbrica, podremos tomar decisiones sobre la dotación inicial de aplicaciones en los iPad de los estudiantes. También deberíamos prestar atención a otros recursos, ya que podríamos preinstalar documentos, información o recursos, que sean de interés para los estudiantes y sus familias, tales como recordatorios de normas, calendarios, plantillas para trabajos, enlaces de Internet, y un largo etcétera.