Hablar en público es una habilidad que se reclama cada vez con más frecuencia en casi todos los entornos profesionales. Por desgracias, muchas personas manifiestan su temor a hablar en público alegando carecer de las habilidades necesarias. En buena parte, se trata de un miedo a la valoración que pueden hacer los espectadores, ya que es relativamente fácil aprender las técnicas básicas para exponer de forma adecuada y digna una idea.

El origen de este temor se encuentra muchas veces en la escuela. Muchos alumnos y alumnas adquieren el miedo a expresarse en público porque las escasas veces que lo tienen que hacer es con la finalidad de que sean evaluados sus conocimientos y puesta una calificación.

Desarrollar un programa para enseñar a nuestro alumnado a hablar en público debe partir de varios aspectos fundamentales:

  • Suprimir el miedo a la evaluación de los demás
  • Aprender a emitir y recibir críticas constructivas
  • Aprender a preparar nuestras intervenciones en público
  • Aprender técnicas básicas de comunicación eficaz

Nuestro objetivo será que los alumnos y alumnas sean capaces de preparar y exponer un tema en público con seguridad y soltura.

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Suprimir el miedo a la crítica

En primer lugar, debemos crear un entorno que integre los errores y los reinterprete como pasos en el aprendizaje.

Es fundamental que alumnos y alumnas se sientan libres para equivocarse sin miedo a ser regañados. Para esto es muy importante que el profesor o profesora sea el primero en aceptar los errores propios y los comentarios sobre su trabajo que pueda hacer el alumnado. Y, además, crear una dinámica de la clase en la que la evaluación constructiva (formativa) sea una forma de actuación habitual.

Los alumnos y alumnas tienen que aprender a recibir comentarios sobre su actuación, pero también tienen que aprender a hacerlos de manera adecuada. Una buena crítica constructiva:

  • Indica lo que la otra persona puede mejorar, no etiqueta o juzga a la persona en sí. Por ejemplo: “has hablado demasiado rápido”
  • Indica las consecuencias negativas de la forma en que lo ha hecho. Por ejemplo: “al hablar tan rápido no se entiende bien lo que quieres decir”
  • Proporciona pistas sobre cómo se podría corregir. Por ejemplo: “haz una pausa antes de cada frase. Respira más despacio.”

Por lo tanto, podemos hacer ejercicios en los que un alumno expone o lee un tema ante los demás y éstos opinan sobre su actuación. Los comentarios de los compañeros pueden seguir esta estructura:

  • Decir primero algo positivo: “Gracias por exponer el tema”, “Me ha gustado lo que has dicho sobre…”
  • Señalar el aspecto que puede mejorarse: “creo que no has explicado bien la parte de…”, “creo que has hablado muy bajito”
  • Señalar cómo se podría corregir: “podrías explicarlo de esta forma…”, “puedes hablar más alto y te escucharemos mejor”

¿Cómo nos puede ayudar el iPad a suprimir el miedo a la crítica?

Una de las ventajas de utilizar iPad es que podemos crear nuevos escenarios que son más “seguros” para los alumnos.

Por ejemplo, podemos hacer que graben su exposición en lugar de hacerla en público y, de este modo, reducir la ansiedad que genera la situación.

Lo anterior permite que el alumno pueda evaluarse a sí mismo y, tal vez, decidir repetir su trabajo. De este modo, en público sólo se mostrarían aquellas versiones de las que cada persona se sienta más satisfecha.

Además, podríamos pedir a cada alumno que realice una crítica de su propia actuación en los términos que hemos señalado más arriba.

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No basta con una vez

Con mucha frecuencia el alumnado (y en realidad mucha gente) piensa que una buena exposición o una buena presentación le “sale” a algunas personas de forma natural, sin preparar ni ensayar. Nada más lejos de la realidad.

Hablar en público requiere preparación. Quienes hablan bien en público es porque lo han preparado bien. Sólo personas de muchísimo talento son capaces de improvisar una charla coherente.

La preparación

Preparar el contenido de una charla o presentación requiere sentarse con papel y lápiz y elaborar algún tipo de guión. La forma concreta de este guión es lo de menos, y depende del estilo personal y del tema. A algunas personas les irá bien con mapas conceptuales, otras preferirán esquemas de texto, otras harán fichas y otras dibujos. Hay algunas pautas sencillas que se pueden seguir:

  • Hacer una lista de los puntos fundamentales que se deben incluir en la charla.
  • Si el tema es complejo, se puede dividir en partes para manejarlo mejor.
  • Hacer un esquema o mapa conceptual (u otro recurso) para organizar los puntos de manera lógica
  • Buscar fuentes de información sobre los diversos puntos, para recopilar datos, definiciones, citas, gráficos, etc. que nos puedan ser útiles

Una vez que determinamos el tema buscaremos una estructura adecuada para exponerlo, que nos proporcione un hilo conductor. Algunas sencillas pueden ser:

  • Introducción, desarrollo, conclusiones
  • Problema, solución
  • Observación, hipótesis, comprobación, conclusiones
  • Noticia: qué, quién, dónde, cuándo, por qué, cómo

Con la información y la estructura redactamos el guión, bien sea en forma de un texto con puntos, fichas con cada punto, etc.

El papel del profesorado es guiar en esta parte de preparación, indicando la necesidad de seguir los pasos anteriores y supervisando que los alumnos y alumnas los realicen. Y haciéndoles pensar sobre los puntos flojos, las lagunas de información, las incoherencias, etc.

Por esa razón, es importante que los docentes evaluemos los guiones antes de que se realice el producto final. De este modo, aseguramos al alumno posibilidades de éxito, a la vez que le ayudamos a generar el hábito de planificar su exposición oral.

¿Cómo nos puede ayudar el iPad en la preparación?

La aplicación de notas del iPad, Notability, herramientas para la creación de mapas mentales, como SimpleMind o Popplet y otras muchas, son ideales para esta fase de trabajo, ya que permiten agregar diferentes tipos de información y formas de entrada de datos en un único lugar.

Además, con ellas podemos crear estructuras de partida que organicen el trabajo del alumno.

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Los ensayos

Para que la exposición o presentación salga bien hay que ensayarla. Ensayar nos permite adquirir seguridad y soltura en lo que vamos a decir.

Lo ideal sería ensayar con alguna personas que nos evalúe y nos señale los problemas. Si nuestros alumnos trabajan en equipos para preparar un trabajo que van a exponer, sería importante que hicieran estos ensayos y sean los propios compañeros y compañeras de grupo los que actúen como evaluadores, siguiendo las pautas indicadas más arriba.

En el ensayo, los alumnos y alumnas tienen que conseguir ver la evaluación y los comentarios como herramientas para mejorar su propio trabajo. Puede ser muy positivo que se graben y se escuchen y hagan una autovaloración.

¿Cómo nos puede ayudar el iPad en la preparación?

Aunque el trabajo final no se vaya a registrar en vídeo, sino que vaya a ser una exposición en público, es muy buena idea que los estudiantes graben sus ensayos en vídeo con la cámara del iPad y hagan una valoración de su propio trabajo.

Ellos mismos descubrirán la mayor parte de sus puntos mejorables y sabrán cómo reconducirlos.

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Los apoyos visuales

Hoy casi nos resulta inconcebible una exposición oral sin su correspondiente presentación en el ordenador. Los apoyos visuales y textuales son importantes para conseguir una buena comunicación, pero no es imprescindible una presentación informática, o al menos, no en la forma en que se suelen hacer.

El aspecto textual de la exposición es el que lleva a cabo el orador mediante un discurso en el que explica el tema que está exponiendo. Lógicamente, presentar apelando a varios sentidos refuerza el contenido del mensaje y lo hace más accesible.

Como recursos visuales puede utilizar imágenes, o mejor objetos reales si el tema lo permite. Si el soporte es digital, lo ideal sería utilizar imágenes de gran tamaño que representen o ilustren los conceptos que se van explicando.

El texto en las presentaciones debería evitarse al máximo. El texto escrito de las presentaciones compite con el texto hablado. Si nuestras diapositivas tienen mucho texto, el espectador tiende a leerlo y deja de prestarnos atención. Si decimos lo mismo que dice la diapositiva ¿para qué tenemos que hablar? Una buena presentación informática no debería funcionar sola.

Un buen ejercicio es que las diapositivas estén limitadas a unas pocas palabras. Incluso a una sola. Y, mejor: imágenes.

¿Cómo nos puede ayudar el iPad en la preparación?

Decir presentación y pensar en Keynote es casi automático. La aplicación de presentaciones de Apple es una de las mejores por la forma en que nos ayuda a centrarnos en el contenido, ofreciendo además una estética muy cuidada. Sin embargo, es importante no dejarse llevar por sus muchas posibilidades en cuanto a efectos y adornos visuales.

Por otro lado, para nuestro objetivo de favorecer la expresión oral, debemos precisamente tener en cuenta que el uso de Keynote o de cualquier otra aplicación para crear los apoyos visuales de las exposiciones debería limitarse a unas imágenes de refuerzo o textos muy breves.

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Los recursos orales

Para ser buen orador hay que dominar el tema y dominar los recursos expresivos:

  • Pronunciación clara. A veces basta con que los alumnos o alumnas hablen un poquito más despacio
  • Voz alta. Es importante que se acostumbren a hablar en voz bien alta, para que los escuchen todos.
  • Ritmo. Buscar un ritmo adecuado, no demasiado lento para no aburrir, ni demasiado rápido para que no sea inteligible el discurso.
  • Cambios de velocidad, intensidad, etc. Los cambios ayudan a mantener la atención, pero hay que aprender a utilizarlos en los momentos adecuados.
  • Entonación. Forzar un poco las entonaciones a la hora de preguntar, exclamar, etc.
  • Silencios. Los silencios ayudan a estructurar el discurso. Sirven para separar partes, para que el público pueda pensar un momento sobre lo que estamos diciendo, o para destacar una palabra o frase entre las demás.

¿Cómo nos puede ayudar el iPad en la el trabajo de los recursos orales?

En cierto modo el iPad favorece el uso de vídeo frente al audio a la hora de realizar grabaciones (no se incluye una aplicación de notas de voz en la tableta). Sin embargo, una buena estrategia para desarrollar mejores competencias en expresión oral consiste justamente en grabar sólo la voz y escucharse para intentar seguir nuestro propio discurso y uso de los recursos expresivos:

¿Vocalizamos bien? ¿Se nos entiende? ¿Vamos muy rápido o muy despacio? ¿Es un discurso ordenado y las ideas principales quedan bien expresadas? Son preguntas que podemos hacernos.

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Restricciones

Proponer restricciones es una buena manera de trabajar habilidades para hablar en público. Las restricciones nos fuerzan a encontrar soluciones para compensarlas o ajustarnos a ellas. Algunos ejemplos:

  • Limitar las charlas a un tiempo determinado de antemano y que se debe respetar escrupulosamente. Esto fuerza a centrarse en lo esencial, a ensayar para controlar el límite de tiempo, etc.
  • Que la presentación de apoyo sólo lleve imágenes. Sirve para que el alumno o alumna que expone no pueda utilizar la presentación como “chuleta” de la que lee
  • Que la presentación de apoyo esté limitada a una palabra por diapositiva. Además de lo anterior, sirve para centrarse en un concepto en cada momento, de forma ordenada
  • Seguir una estructura determinada en la exposición. Ayuda a dominar ese tipo de estructura narrativa.
  • Limitar el número de puntos que se pueden tratar. Sirve para aprender a dividir un tema en partes.

Nota final: expresión oral no es memorizar

Una de las cosas que más me sorprende a la hora de realizar ejercicios de exposición oral en las aulas es el hecho de que muchas veces no se permite a los alumnos llevar un guión escrito sobre lo que tienen que hablar. Oradores profesionales, presentadores de espectáculos y docentes de todos los niveles utilizan notas de apoyo para poder desempeñar su trabajo con eficacia.

Obviamente, no se trata de que lleven el texto preparado y lo lean sin más. El uso de un guión o notas de apoyo es importante para conseguir, al menos, los siguientes objetivos:

  • Mantener la estructura y orden de la charla, lo que permite improvisar, pero sabiendo que vamos a poder retomar el hilo principal.
  • Fijar los datos que deben ser citados con precisión.
  • Proteger a quien expone del riesgo de “quedarse en blanco” y, en general, reducir la ansiedad que genera la situación.

En este punto, las notas del presentador que incluye Keynote son muy interesantes.